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Uno de los mejores menús de mediodía de Barcelona se esconde tras una coctelería (y pocos lo conocen)

Este bar elegante y clásico tiene un chef especialista en propuestas de una relación calidad-precio-sutileza imbatible

Ricard Martín
Escrit per
Ricard Martín
Editor de Menjar i Beure, Time Out Barcelona
Fideus a la cassola del Bar Costa, Barcelona
Foto: Ricard Martín | Fideus a la cassola del Bar Costa, Barcelona
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Bueno, escondido, escondido, no es exactamente así. El Bar Costa (Joaquín Costa, 53. T. 934 59 76 05), en la esquina de esta arteria del Raval con Valldonzella, en el corazón del Raval, publicita su menú de mediodía con un cartel bien visible en la entrada: 16,90 euros, tres primeros y tres segundos, postre y una bebida, como tantos otros que hacen todo lo posible por ofrecer un conjunto bueno y atractivo al precio más ajustado de que sean capaces. 

Bar Costa, Barcelona
Foto: Bar CostaBar Costa, Barcelona

Pero si pasas por delante, desde la calle te llega una sensación de elegante nocturnidad: te atrapa la mirada una regia barra de mármol con botellería iluminada de la buena, y si te atreves a adentrarte cuatro pasos, más allá de la barra hay un comedor con sillones de terciopelo rojo, mesitas también de mármol y un telón de fondo negro que esconde las paredes (y buena música: me acaricia el cerebro el Caetano Veloso de rock psicodélico, el de Transa). Vamos, un escenario que asocias más con tomarte un buen Dry Martini en un sitio con clase que con comer y volver al trabajo. 

Bar Costa, Barcelona
Foto: Ricard MartínBar Costa, Barcelona

Un menú de mediodía por el que vale la pena cruzar la ciudad

Y de golpe, tras la barra se te aparece, como un muñeco de resorte, el simpatiquísimo Luís Ramírez, "alma del Bar Costa, barman, chef, director y diseñador de todo lo que hay tras la barra". Ramírez, cocinero canario afincado en Barcelona desde 2006, me explica que el Bar Costa en origen era una coctelería de autor con tapas, proyectada en 2019, pero que no arrancó hasta 2023 por las zancadillas de la pandemia. "El año pasado, viendo el decaimiento de la calle y del barrio, le propuse un cambio al propietario: nos reinventaremos como un restaurante con coctelería y un buen menú de mediodía", me cuenta. 

Luis Ramírez i Vincent Van Hoof, Bar Costa
Foto: Ricard MartínLuis Ramírez y Vincent Van Hoof, Bar Costa

¡Y qué menú! De primero, elijo fideos a la cazuela (una especie en peligro de extinción en los menús) y de segundo, atún a la plancha. Los fideos están buenísimos; al dente y con un punto de socarrat, se nota el sofrito, envolvente sin ser pesado, y llevan papada de cerdo asada y salchichas, además de aires de bosque con senderuelas deshidratadas. Todo rematado con picada catalana, la de  de día de fiesta, que lleva incluso un toque de chocolate. De traca. 

Fideus a la cassola del Bar Costa, Barcelona
Foto: Ricard MartínFideos a la cazuela del Bar Costa, Barcelona

"La cocina catalana la tengo bastante por mano", se ríe Ramírez, quien en veinte años de carrera en Barcelona ha trabajado la cocina y el menú de mediodía en instituciones como La Camarga (donde, además de ser testigo de las escuchas a Alicia Sánchez Camacho, aprendió los secretos de la picada y el sofrito), La Lluna –clásico de los menús de grupo bien resueltos– y En Ville, donde pilotó la transición a uno de los mejores restaurantes sin gluten. "Soy de los cocineros que han comido y han hecho mucho menú, y qué narices, dame algo que me pueda comer, pienso cuando me siento al menú". 

De segundo, me zampo un atún a la plancha, jugoso y en su punto, con una guarnición que podría ser un plato por sí sola: trinxat de col china y boniato con mojo verde de aguacate, rematado por brotes de bimi crujiente (alias, el brócoli japonés). Caliente, pero ligero y refrescante, y con matices vegetales que se complementan en cocciones y texturas.

Tonyina a la planxa, Bar Costa
Foto: Ricard MartínAtún a la plancha, Bar Costa

Ración generosa, desaparece visto y no visto. "Dale un poco de cariño a la guarnición. Las combinaciones de fresco y guisado funcionan muy bien, y yo lo que quiero es que la gente se vaya de aquí recordando los sabores que ha comido", explica. Y de hecho, puedes elegir dos segundos, dos primeros y pagar lo mismo (o pedir solo un plato único, postre y bebida por 12,90). 

"Solo es un menú, pero quiero que la gente recuerde lo que ha comido"

De postre, un buen trozo de tarta Tatin casera o fruta de temporada (solo quien vigile el colesterol preferirá una pera en lugar de una Tatin de manzana asada impecable).  

Pastí tatin, Bar Costa
Foto: Ricard MartínTarta tatin, Bar Costa

Otras opciones de platos son la ensalada de dados de calabaza asada con queso de cabra y vinagreta de granada con granola, o salmorejo de tomate mar azul con picada y huevo duro (primeros), o pasta a la crema de nueces con mermelada de tomate y churrasco de añojo a la plancha con patatas salteadas con mantequilla de romero. Vamos, para quien escribe, un menú de mediodía que justifica cruzar cinco kilómetros de Barcelona y celebrar que es viernes. 

Y cobra aún más mérito cuando te das cuenta de la dimensión de one-man band de todo el asunto: un único cocinero —solo tienen licencia para placa de inducción, plancha y freidora—. En una estrecha cocina con todo milimetrado, diseñada por Ramírez, el chef se desenvuelve con comprimido desparpajo y va sacando platos. Bueno, two-man band: en sala está el barman Vicent Van Hoof, quien si se lo pides te preparará delicadezas como un Cello Mule, refrescante trago de limonchello hecho en casa, vodka, lima fresca y ginger beer. Ramírez también atiende la sala, y los platos llegan en un ambiente de calma y sin prisas, porque este es un lugar íntimo, para dejar las prisas y el estrés en la calle.  

Luis Ramírez a la cuina del Bar Costa
Foto: Ricard MartínLuis Ramírez en la cocina del Bar Costa

La sobriedad espartana no quita que este sea un sitio con carácter gastronómico, por si no quedaba claro. Hace poco organizaron una cena a cuatro manos con Andrea López, jefa de cocina de La Table (dos estrellas Michelin en Narbona), y los fines de semana, aparte de comer de carta, se puede disfrutar de un menú degustación de tapas largo y generoso a 30 euros, donde se pueden comer unas papas arrugás con mojo picón que deben ser las más fidedignas de Barcelona (porque Ramírez es canario). Los fines de semana ejerce de jefe de sala Pablo Antico, otro maestro de la restauración de proximidad que fue copropietario del añorado Sifó. Vamos, un sitio de fichaje obligatorio y con reserva previa, ya que tienen capacidad para 25 personas.  

Los mejores menús del día de Barcelona 

Este artículo se ha publicado el viernes 9 a las 12 h

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