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6 razones para demostrar que 'Jurassic World' es la peor entrega de la saga

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1. Faltan los preliminares. 'Jurassic World' es un circo de bestias. Hay espectáculo, hay gritos y dientes afilados. Pero le falta el suspense que todas las películas de monstruos deberían tener. Si recordáis 'King Kong', la versión clásica, entenderéis lo que quiero decir. El gorila tardaba varios minutos en aparecer, pero nos iban calentando el terreno que era un gusto: el equipo de rodaje, la rubia que ensayaba sus caras de espanto ante la cámara, las llamas, los tambores ... Spielberg lo tenía muy claro cuando adaptó el libro de Michael Crichton en el 93. Él decía que quería hacer una especie de 'Tiburón' de la época mesozoica, una película en la que antes de ver las mandíbulas pasaras un buen rato de escalofríos. 'Jurassic World', en cambio, se salta los preliminares y va directa al 'show'. El resultado, atracciones aparte, no es más que un catálogo de criaturas sobredimensionadas, articulado a golpe de efecto.

2. Guerra al 'product placement'. Parece que el propósito de Colin Trevorrow y compañía era marcarse un buen jaque en taquilla. Y lo han conseguido. 'Jurassic World' es la primera película de la historia que supera los 500 millones de dólares de recaudación en su primer fin de semana en salas. En España, en solo dos días se ha llevado un 72% de la cuota de pantalla –es decir, que de cada 100 personas que han ido al cine desde el viernes tarde, 72 han ido a ver 'Jurassic World'-. Objetivo cumplido. Cabe decir, sin embargo, que las ansias de ganar dinero no han empezado con el estreno. 'Jurassic World' goza de un 'product placement' abusivo: hay más letreros de Samsung y Starbucks que cirios en una misa de Pascua.

3. Una estafa antediluviana. Yo tenía seis años cuando se estrenó 'Jurassic Park', y recuerdo el fenómeno como una estampida de gallimimus. De pronto todos los niños querían ser paleontólogos, por el morbo de pensar que, en algún lugar de las profundidades de la corteza terrestre, pudiera haber un mosquito que se hubiera conservado en resina durante 70 millones de años, con el vientre cargado de sangre de diplodocus. Lo creíamos posible. A los de 'Jurassic World', cuarta entrega de la saga, el rollo 'Caminando entre dinosaurios' les ha sonado antiguo: el reto de los científicos ya no es devolver a la vida las bestias triácicas, sino diseñar unos híbridos genéticos a la carta: más immensos, más espectaculares, menos verosímiles. Un poco de velociraptor, un poco de T-rex, rana africana y, finalmente, unas dosis de sepia. Más que un laboratorio parece una paella valenciana.

4. No os fiéis de lo que dicen. Ahora cargaremos las tintas para acusar la falta de rigor y verosimilitud. Desde que Spielberg rodó la primera entrega de la saga se han descubierto muchas cosas sobre la morfología dinosáurica. El otro día tuve el placer de coincidir con Salvador Moyà, director del Instituto de Paleontología, que me puso al día al respecto. Número 1. El tiranousario no era un predador. Las dimensiones de su cerebro indican que tenía especialmente desarrollado el sentido del olfato, por encima de la vista y el oído. Por tanto, no estaba hecho para la caza, sino para detectar el hedor del animal muerto. Sí, era un carroñero, como las hienas o los buitres. Número 2. Por más que nos hayan enseñado que los reptiles tienen escamas, los velocirraptores –aquellos que en la primera entrega se metían en la cocina y perseguían a los niños– tenían el cuerpo cubierto de plumas. Eran, más o menos, como un avestruz carnívoro. Número 3. Los pterodáctilos no tenían patas de águila imperial, como nos quiere hacer creer Trevorrow. Sus extremidades se parecían más bien a las de un pato. Por lo tanto, aquella parodia de la escena de las gaviotas de 'Los pájaros' de Hitchcock que se marcan en 'Jurassic World' es, ya no temporalmente improbable, sino biológicamente imposible.

5. Son domadores de pulgas. Cuando Spielberg rodó la primera entrega, muchos de estos descubrimientos aún no se habían hecho. Le perdonamos las licencias. A Trevorrow quizás no tanto. Era de esperar que se lo haría venir bien para que no pareciera que las carreras de los velocirraptores arriba y abajo eran como estar en un corral de gallinas. Aunque quizás ya no le venía de aquí. 'Jurassic World' es, como he dicho, un circo, y como todo buen circo tiene un domador. Lo interpreta Chris Pratt, y es de los héroes más ridículos que he visto en el cine en mucho tiempo. ¿Qué fue del doctor Alan Grant? ¿Dónde está la muy adorada Laura Dern, con sus gafas redondas y la permanente mueca de espanto? Y, lo más importante: ¿en qué momento pensaron que Omar Sy, el negro de 'Intocable', podría superar el carisma de Jeff Goldblum?

6. El humor es muy flojito. En sus inicios, la saga tenían mucha guasa. De la primera entrega destacaría a aquel abogado que se movía con el símbolo del dólar en los ojos, engullido por un monstruo dentado mientras estaba sentado en la taza del inodoro, o aquella bestia que escupía tinta de calamar en la cara del pobre gordinflón de Nedry. De la segunda, el momento épico en que Julianne Moore se quedaba colgando de un precipicio y le pasaba una caravana por encima. Hacía reír, la platea aplaudía y todos nos íbamos a casa aun más contentos. El único chiste que le he encontrado a 'Jurassic World' es el hecho de que Bryce Dallas Howard corra por la jungla sobre dos tacones de estilete, huyendo de las sanguinarias muelas del indominus rex. Y la verdad es que ni siquiera me hizo gracia. Me atrevería a decir que tiene un no sé qué patético, de insalvable vergüenza ajena.

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